sábado, 5 de junio de 2010

El socius y los derechos humanos


La perpetuación de las prácticas sociales exigen un ciclo de voluntades. Estas no se justifican en sí mismas, sino en relación con otras prácticas. La lógica neoliberal del mercado es un paroxismo de esta verdad (lógica que al postular el crecimiento económico como valor hegemónico cae en su propia trampa). Así pues, el discurso de los derechos humanos solo es efectivo en la medida en que se articula a un sistema de estímulos (positivos y/o negativos), es decir si se artícula a deberes, entendidos como el derecho del Otro el cual asegura mi derecho. Un ejemplo es la política educativa. Mientras la educación gratuita es afín al discurso absolutista de los derechos humanos, el estímulo a la demanda como política educativa es afín a una visión relativista del derecho [1]. Una de las consecuencias más radicales de esta lógica de mercado es la de cuestionar nociones preciadas como la política redistributiva. Para el mercado, la política redistributiva cumple una doble función: cuando el gasto redistributivo se invierte en oportunidades es una política de equidad al ofrecer iguales condiciones para obtener poder socio-económico. Cuando este rubro se invierte en bienestar es una política de equidad en el bienestar pero al costo de financiar la desigualdad socio-económica [2]. Esta última dinámica conlleva eventualmente a un desestimulo de las élites económicas y políticas para financiar el bienestar. Los movimientos de izquierda suelen proyectar un discurso donde los derechos se enfatizan y los deberes se silencian. Esto antes que una certeza epistemológica de la izquierda es más un producto de la marginalidad del poder a la que se han visto relegados históricamente. En aquellos países donde los partidos socialistas han participado del poder, su discurso retoma la retórica del deber ya sea político, en paises comunistas, o tributario, en paises capitalistas. El deber político responde a la exigencia de realismo social al tiempo que comparte las ventajas y limitaciones propias de la economía premoderna [3]. El llamado es a que la izquierda (o "derecha") marginada asuma un discurso más realista y que la derecha (o "izquierda") en el poder reconozca la importancia de compartir el poder para que la marginalidad comprenda la competencia del realismo.

Fé de Errata: este post fue actualizado.

[1] En esta lógica la educación pública debe ser financiada de forma compartida por las empresas que se benefician de una amplia oferta laboral calificada y los estudiantes que son beneficiarios de las herramientas para competir en el mercado laboral.
[2] No todas las políticas de bienestar son asistencialistas, por ejemplo los 'commons' (parques, etc.).
[3] En contraste con la economía premoderna, el mercado permite la sincronización espacio-temporal de la producción. La economía premoderna o política muestra su efectividad en la medida en que esta sincronización artificial falla como modelo de la realidad, es decir, como modelo de las necesidades de producción específicas (burbujas de mercado, dificultad en la cuantificación de valores "complejos" como la cultura y el ecosistema, etc.).

Fotografía (kindly) extraída de ConsumersReport.org.
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