miércoles, 20 de agosto de 2008

¿Por qué demoró tanto?

Rodolfo Llinas, El cerebro y el mito del yo, traducido por Eugenia Guzmán, Grupo Editorial Norma.

«Por qué un periodo tan exorbitantemente largo para pasar de formas unicelulares a formas celulares? Examinemos lo que le implica a la naturaleza hacer un "animal"; es decir, una sociedad altamente organizada de células, o para el caso, cualquier sociedad exitosa. Debe existir un acuerdo en cuanto a los elementos comunes y a la comunicación entre los participantes, así como un conjunto de reglas globales a las cuales al menos la mayoría de ellos se adhiera. La clave del misterio es la siguiente: la tarea de otorgar a las células individuales la capacidad de intercambiar entre si información biológicamente significativa resulto, evolutivamente, !más complicado que fabricar la primera vida unicelular! 


Sin ser buenos jueces al respecto, nos parece que dos billones de años es mucho, mucho tiempo, para que la evolución inventara la comunicación entre células y solo podemos aventurar algunas especulaciones al respecto. Probablemente, sin algunas especializaciones que vendrían posteriormente, la agregación celular simplemente no ofrecía ninguna ventaja para la supervivencia: un tanto egoísta, pero quizás profundamente cierto. Sin embargo, cuando ocurrió la transición de la vida unicelular a la sociedad multicelular, emergió un nuevo abordaje hacia la vida que nos acompaña desde entonces. Este enfoque enfatiza el compromiso total hacia la sobrevivencia de la sociedad celular (el "grupo") como el sí mismo en contraste con el compromiso total de la célula hacia la sobrevivencia individual ( el "individuo" como el sí mismo). Como ejemplo de lo que hablamos, recordemos que cuando los seres multicelulares evolucionaron, se creo por primera vez la verdadera "muerte colectiva" programada. Recordemos que aunque los organismos unicelulares pueden ser destruidos, también se puede suponer que normalmente tales células no mueren sino simplemente se dividen. Podría decirse que cualquier ameba de hoy en día en realidad nunca ha muerto, sino que, durante milenios, se ha dividido en dos muchas veces -una entidad inmortal hasta que alguien pise la última (o la primera). En cambio, la muerte de ciertos grupos de células de una entidad multicelular puede llevar a la muerte de todas las demás células, independientemente de que tan saludables se encontraran en un comienzo (como cuando una persona muere por un disparo en el corazón o en el cerebro). Lo anterior representa la pérdida de un principio muy importante: la capacidad (y el propósito) de la célula individual de mantener y proteger su propia vida. La esencia de nuestra naturaleza como seres multicelulares es ese compromiso de las sociedades celulares que emerge cuando la célula individual reemplaza sus principios de supervivencia propios por los de la sociedad en que vive. En un organismo multicelular las células individuales no pueden romper sus lazos con el grupo y "alejarse del problema" cuando la cosa se pone color de hormiga; esta capacidad se canjeo por la vida social.


Las células de las sociedades multicelulares cambian ciertas libertades por otras: la libertad de interactuar aisladamente y de afrontar los peligros de la vida solitaria se reemplaza por la de "sindicalizarse" y de gestionar en grupo, y al hacerlo, de perder o ganar como grupo. Un segundo requisito para la evolución animal fue el desarrollo del suministro de combustibles de alta energía a células ávidas de ello, atrapadas y empaquetadas en arreglos inmóviles. Para ello es necesario el metabolismo oxidativo y un sistema digestivo que, mediante un sistema circulatorio, aporte nutrientes de alta energía a grupos celulares densamente empaquetados. Las células individuales, carentes de exoesqueleto (al contrario de las plantas), no sobreviven fuera de un medio acuoso con determinados nutrientes y los eucariotas no sobreviven mucho tiempo sin oxigeno. Los animales solucionaron este problema atrapando este vital fluido y llevando con ellos su propio océano interno (sangre y fluido extracelular). La tercera razón por la cual la evolución probablemente tardo tanto en desarrollar animales es la complejidad celular. Piénsese en lo que en realidad implica hacer que una célula se comunique con otra. En un principio, las células de linajes genéticos diferentes desarrollaron un lenguaje biomolecular que dio lugar a una comunalidad de reglas, a un dominio biopolítico de la vida en general. En esencia, las células tuvieron que adquirir la capacidad de recibir, interpretar y enviarse señales claras por ensayo y error. Probablemente, al comienzo lo hicieron como células hijas de una mutua división celular, unidas por "puentes" citoplasmáticos que les impedian separarse completamente, o mediante algún "pegamento" mucopolisacarido en su superficie (como el de la colonia celular primitiva volvox; ver la referencia en Kirk 1998). Mas tarde se unieron en grupos celulares heterogeneos, como parientes distantes pero genéticamente relacionados, después en colonias y finalmente en grupos homogéneos con el mismo código genético, pero en el que cada célula expresa solo una parte de dicho código, lo que permite la especialización celular ya mencionada. Entonces surge la pregunta ¿que se gana evolutivamente con esta nueva filosofía de orden? La respuesta es obvia; los grupos celulares tienen propiedades emergentes ausentes en las células aisladas. Entre tales propiedades se cuenta la capacidad de las células individuales de diferenciarse del grupo, es decir, la especialización para tareas especificas (a expensas de su propia autonomía), en un grado imposible para formas de vida unicelulares en donde todos los requisitos para la sobrevivencia deben hallarse presentes en cada elemento individual.»


Kirk, D. L. (1998). Volvlox: Molecular-Genetic Origins of Multicellularity and Cellular Differentiation. (Development and cell biology series). Cambridge: Cambridge University Press.
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